Intenté hacerles caso, pero no logré escribir mucho más. Sólo párrafos aislados, y textos sin terminar que no me convencían. De todas maneras, prometo hacer un esfuerzo e intentar escribir más cosas.
Mientras tanto, aquí les dejo el dichoso cuento. No posteo el texto completo; eliminé el principio ya que las primeras líneas eran parte de un divague total, que sólo puede tener sentido para mí. Así que posteo más o menos a partir de donde el texto empezó a tener forma de cuento:
El ratón
¿Qué es el destino? He decidido suponer que es algo así como un viejo choto, malo, feo, un hijo de la gran puta, cuyo padre lo golpeaba de niño, con una mochila llena de un gran e inexplicable rencor a cuestas. Y está ahí sentado, riéndose de mi. Incitándome a jugar el viejo juego del queso y el hilito. Ya saben, ese juego donde uno agarra un pedazo de queso y le ata un hilo. Entonces, mientras sostiene el otro extremo del hilo, deja el queso mas o menos al alcance del ratón.
El ratón mira el queso. A sus pequeñas fosas nasales llega el más delicioso aroma que jamás haya sentido. Se pregunta si su sabor será igual de increible. Tengamos en cuenta que estamos hablando de un ratón muy joven, que jamás ha probado el queso, ya que esta oportunidad no se presenta todos los días para un ratón, al menos no para éste. No es como en los dibujitos, donde los ratones se meten en la heladera y bajan con el cacho de queso usando un espárrago como tobogán, todo esto sin que los atrape el gato, y metiéndose corriendo en la casita con el queso, que nunca pasa por la puerta, pero ellos lo hacen pasar no sé cómo. Hasta el momento este ratón sólo habrá comido bichos, plantas, sanguches de milanesa, o lo que carajo sea que comen los ratones, los verdaderos ratones.
Entonces el ratón se aproxima al queso. A pesar de la simpleza de la situación, el ratón duda. "Se ve muy fácil", piensa. "¿Qué tal si no es más que un producto de mi imaginación? O tal vez el queso está feo, o vencido, o algo así. ¿O que tal si de la nada surge otro ratón, pretendiendo arrebatarme mi queso? ¿Qué hago entonces? ¿Peleo con él? ¿Compartimos el queso? ¿Y si aparece el gato?"
Muy dubitativamente, el ratón sigue acercándose. Ya está muy cerca del queso, ya casi lo tiene. Pero cuando va a agarrarlo, sucede algo inesperado: pareciera que el queso ha dado un salto o algo así. La explicación es simple: el viejo tiró del hilito. Ahora se halla bastante más lejos que hace un momento. "Será una propiedad del queso; la de la habilidad de saltar por sí solo, como mecanismo de defensa", piensa el ignorante ratón. Todo esto puede parecer ridículo, pero basta con estar en el lugar del ratón para darse cuenta que hasta las cosas más simples pueden no ser tan obvias para algunos (¿Cómo dar por sentado que un queso no salta, si jamás se ha visto uno?).
Entonces decide ir nuevamente en búsqueda de su queso. Pero nuevamente se da el mismo suceso. Saltito, y vuelta a empezar. A todo esto, en una silla y bastante más lejos, está el viejo, pasando un buén rato a costa de su pequeño e involuntario bufón. Pero el ratón no se da por vencido, sigue en la lucha por atrapar el escurridizo manjar. Supone que si se lo propone, logrará su objetivo. Pero una y otra vez, el queso le dice que no, alejándose de un salto.
Lo lamentable es que la situación se repite incontables veces. El ratón ya comienza a dudar de sí mismo; piensa que tal vez no es lo suficiéntemente hábil o inteligente para ganarle al queso.
¿Cuándo termina el juego? Lo más común es que el ratón consiga alcanzar el queso, generalmente en los primeros intentos, aunque también puede tardar un poco más. Pero en ocasiones, el viejo se aburre de jugar y, simplemente termina dándole el queso, luego de un muy buen rato. Pero también hay otro posible final, el más triste de todos; a veces, sólo a veces, el juego termina cuando el ratón se da por vencido, al darse cuenta de que jamás será capaz de alcanzar el queso. Que no importa cuánto lo intente, el queso saltará y mantendrá siempre su distancia. "Qué locura!", pensará el viejo mientras ve al ratón meterse en su casita, derrotado, avergonzado, y tal vez hasta bañado en lágrimas; "si yo de todas maneras iba a darle el queso, finalmente. Sólo quería divertirme un rato con él." Sí, el viejo lo sabe, y nosotros tambien. ¿Pero quíen se lo va a explicar al ratón? ¿Cómo hacerle entender al pobre ratón, que tuvo que irse con la cabeza gacha, masticando vergüenza, que el queso iba a quedar, luego de un rato, a su merced, como por arte de magia?
Si uno se pone a pensarlo desde el punto de vista del ratón, no está tan errado. El ratón no conoce la magia, y tampoco los milagros. Decidió que su triunfo sobre el queso dependería únicamente de él mismo, de su habilidad, su ingenio, su fuerza, y tal vez de su perseverancia. Pero la perseverancia es algo muy difícil de conservar si uno no ha experimentado otra sensación que fracaso tras fracaso. Y eso es lo que le pasó al ratón durante aproximadamente las dos horas y media que duró el juego.
El viejo se queda ahí parado, pensando en el ratón. Tal vez sintiendo algo de culpa. "Yo iba a darle el queso, fue culpa suya por no haber sido perseverante", se repite a sí mismo. Entonces abandona la habitación para irse a dormir, dejando el queso ahí, tirado en el suelo.
Horas más tarde, el ratón asoma la cabeza por el agujero de su casita. Ni muy cerca ni muy lejos, puede divisar aún el pedazo de queso. Ahí, en medio de la habitación, inmóvil. Recuerda el triste episodio de hace rato, cuando se declaró a sí mismo incapaz de atrapar un simple quesito. Sale de la casita y se acerca, poco a poco, hasta quedar prácticamente junto al queso. Pero no intenta atraparlo. Ya ha aprendido con creces que es imposible, por fácil que parezca. Entonces piensa: "Está bién, queso. Me has vencido. Sé que no puedo atraparte, por lo tanto no lo intentaré más. Ya no te molestaré." Siente su aroma por última vez, y vuelve a meterse en su casita, resignado a seguir comiendo bichos, plantas, sanguches de milanesa, o lo que sea que coman los ratones. Pero ni hablar del queso.
El queso permanece inmóvil, siempre en el mismo lugar. El viejo se ha ido a dormir hace rato. Esta vez no hay hilos, no hay trampas, nada que pudiera impedir el éxito. El queso ya no saltará. Todo lo que debiá hacer el ratón era estirar las manos y atraparlo. ¿Pero quién se lo va a explicar al ratón?
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Algún punto entre Buenos Aires y Mar del Plata
Julio de 2004.
2 comentarios:
Despues dicen que "Quien se ha llevado mi queso" es una maravilla de la autoayuda.
Me parecio no bueno, sino EXCELENTE. Quiza podrias presentarlo en algunos de esos concursos de literatura, realmente es bueno, leo mucho y creo que puedo decir que es porqueria y que es valioso.
Espero que sigas con los posts. Te agrego a los links.
Si te interesa, y creo que te re gustaria y te cagarias mucho de risa (y harias cagar de risa a muchos), hay una nueva camada de blogger marplatenses y nos juntamos seguido a boludear, somos un monton y uno mas loco que el otro, pero todos buena gente. Cuando haya reunion te incluyo en la lista de mails, pero dame el tuyo, sale?
Besos, nos vemos! Sigo en el depto de Las Heras, si queres un dia pasate. Despues por mail te paso el cel.
Beso, gusto encontrarte despues de tanto tiempo!
Au revoir
Te deje una tarea en mi blog =)
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