jueves, 29 de mayo de 2008

Clima: el tema para romper el hielo

Resulta que yo hago delivery con moto en una pizzería. Y estamos en una época del año en la que este tipo de trabajo, podrán imaginarse, no es nada agradable. Lluvia y frío todo el fucking día (por las noches, temperaturas bajo cero). La verdad, cuando yo acepté este trabajo sabía a que me enfrentaba, y sabía que en invierno la iba a pasar mal, climáticamente hablando. Así que no puedo decir que lo que me molesta es el mal clima, en sí. Lo que me pone nervioso y de muy mal humor, son los comentarios de la gente al respecto. Yo no puedo creer que siempre, SIEMPRE el primer tema de charla entre un cliente y un empleado tenga que ser el clima. Así terminé dándome cuenta de que la frase que más escuchaba en un día laboral era: "Hace frío pa'ndar en moto, ¿no?" (sic), o su sarcástica variante: "Está lindo para andar en moto, ¿no?" A lo que yo debería responder, fingiendo interés: "seehh!! jejeje... (ctmdre)..."
Claro, los clientes que son "cero ponerse en el lugar del otro", ven a un delivery empapado, muerto de frío mal, y ni se les ocurre que el chabón no quiere escuchar ni una palabra sobre el clima. Se creen que quedan como que se compadecen del sufrimiento del chabón, que lo acompañan en el sentimiento, o incluso que suenan graciosos, cuando en realidad su comentario no hace más que romperle al delivery las congeladas pelotas. Es como ir a un velorio y decirle a la madre del difunto: "Que bárbaro, que manera de morirse gente, ¿no?" Hay que tener un poco de tacto, viejo!
También le pasa a la gente que atiende un negocio. Por supuesto que hay frases como "¿Cuánto sale (tal cosa)?", o "¿No sabés si ya pasó el 221?", o el terror de los empleados de locales céntricos: "¿Cargan tarjetas acá?" Después también está la vieja que, sin que le digas nada, te cuenta que le duele esto y aquello, que recién viene de la farmacia y la mutual no le reconoce el medicamento, bla bla bla... (evidentemente la atención al público no es lo mío) Pero la del clima no falla, para ningún rubro. Es la vanalidad hecha charla. Es la prueba de que esas dos personas no tienen nada de que hablar. Esa puta costumbre que tiene la gente de hablar por hablar!! "Oh, he hecho contacto con otro humano, debemos comunicarnos". Pero por favor!! Hoy hace frío. Sí.. ¿y que? Ayer también hizo frío. Y anteayer, y anteanteayer, etc. Entonces... ¿vamos a estar todo el puto invierno hablando de lo mismo? Pero esperá que llegue Septiembre. Ahí te quiero ver!!
Se me ocurre que para Septiembre u Octubre, sería:




Cliente- Buen día.

Empleado- Buen día.

Cliente- (uh, hoy no hace ni frío ni calor... que digo ahora?) Ehm... mmm... así que... este mostrador es tuyo?




Señor cliente: La próxima vez que reciba a un delivery, o entre a un negocio, piense; este tipo atiende 200 clientes por día. Por lo tanto, la primera frase que a usted se le venga a la mente para entablar conversación, este muchacho la escucha 200 veces por día, que serán más de 5000 veces por mes. Entonces, si realmente quiere dar una imagen educada, pero a la vez agradable... no diga lo primero que se le venga a la mente!! Diga lo segundo o lo tercero!! Así romperá con la monotonía de las charlas monotemáticas del diálogo cliente-empleado, y el empleado no sólo estará agradecido, sino que disfrutará de tener con un cliente una charla diferente, al fín, y que con algo de suerte, tendrá sentido.


(No, evidentemente la atención al público no es lo mío)

viernes, 16 de mayo de 2008

Confesiones

Fui invitado por Mel a participar de una cadena, donde cada persona que la recibe debe postear en su propio blog 6 confesiones sobre sí mismo. A continuación debe elegir 6 personas más para que continúen la cadena (paso del que he quedado excusado, ya que mi blog es muy nuevo y no conozco 6 bloggers más).

Sin más "preángulos", me acomodo en el confesionario y desembucho:

1- Cuando como una porción de pizza, la como de atras hacia adelante, o sea, empiezo con el tronco (la parte dura) y termino con la punta. Con las tartas hago lo mismo (me han cagado a pedo más de una vez por esta conducta). Y con otras comidas, tambien, a veces tiendo a empezar comiendo la parte "menos rica", digamos, dejando lo mas rico para lo ultimo. Ejemplo, con el Bonobon, me como primero lo de afuera y después lo de adentro.

2- Me hice pis en la cama hasta los 14 o 15 años.

3- Cuando era chico, cuando cruzaba una senda peatonal, tenía que cruzar pisando sólo las franjas blancas. Si pisaba afuera, era como que me caía a un precipicio o algo así. Tambien hacía algo parecido con las baldosas, no podía pisar las uniones.

4- Me resulta imposible estornudar sólo una vez. Siempre estornudo 2 o 3 veces seguidas.

5- A mis 25 años, nunca me puse en pedo. Lo intenté una sola vez, y no lo logré.

6- Le tengo miedo a los cascos de los barcos. Por ejemplo, estoy al lado de uno en un muelle, y me asusta la posibilidad de caerme y quedar flotando en el agua con un barco al lado (aunque el barco esté amarrado y quieto). Nunca pude entender por qué.



Ahí están mis locuras. Hasta la próxima.

sábado, 10 de mayo de 2008

El Ratón

La razón del Blog; Resulta que, hace ya... creo que como 3 o 4 años, atravesando por un momento de gran tristeza, escribí un texto Un texto que al final, y tal vez accidentalmente, o por diversión, o simplemente porque se me cantó el orto, acabó teniendo forma de cuento. Y trata sobre un "ratón". Un texto sólo para mí, que no pensaba mostrarle a nadie. Y así fue por un tiempo, hasta que un día decidí mostrárselo a un amigo. Según me contó, le encantó el cuento. Me dijo que debería escribir más seguido. Después de esta halagadora crítica, se lo mostré a dos amigos más. Coincidieron con el primero, y también me dijeron algo parecido: "Está muy bien narrado, deberías escribir más, etc".
Intenté hacerles caso, pero no logré escribir mucho más. Sólo párrafos aislados, y textos sin terminar que no me convencían. De todas maneras, prometo hacer un esfuerzo e intentar escribir más cosas.


Mientras tanto, aquí les dejo el dichoso cuento. No posteo el texto completo; eliminé el principio ya que las primeras líneas eran parte de un divague total, que sólo puede tener sentido para mí. Así que posteo más o menos a partir de donde el texto empezó a tener forma de cuento:





El ratón


¿Qué es el destino? He decidido suponer que es algo así como un viejo choto, malo, feo, un hijo de la gran puta, cuyo padre lo golpeaba de niño, con una mochila llena de un gran e inexplicable rencor a cuestas. Y está ahí sentado, riéndose de mi. Incitándome a jugar el viejo juego del queso y el hilito. Ya saben, ese juego donde uno agarra un pedazo de queso y le ata un hilo. Entonces, mientras sostiene el otro extremo del hilo, deja el queso mas o menos al alcance del ratón.

El ratón mira el queso. A sus pequeñas fosas nasales llega el más delicioso aroma que jamás haya sentido. Se pregunta si su sabor será igual de increible. Tengamos en cuenta que estamos hablando de un ratón muy joven, que jamás ha probado el queso, ya que esta oportunidad no se presenta todos los días para un ratón, al menos no para éste. No es como en los dibujitos, donde los ratones se meten en la heladera y bajan con el cacho de queso usando un espárrago como tobogán, todo esto sin que los atrape el gato, y metiéndose corriendo en la casita con el queso, que nunca pasa por la puerta, pero ellos lo hacen pasar no sé cómo. Hasta el momento este ratón sólo habrá comido bichos, plantas, sanguches de milanesa, o lo que carajo sea que comen los ratones, los verdaderos ratones.

Entonces el ratón se aproxima al queso. A pesar de la simpleza de la situación, el ratón duda. "Se ve muy fácil", piensa. "¿Qué tal si no es más que un producto de mi imaginación? O tal vez el queso está feo, o vencido, o algo así. ¿O que tal si de la nada surge otro ratón, pretendiendo arrebatarme mi queso? ¿Qué hago entonces? ¿Peleo con él? ¿Compartimos el queso? ¿Y si aparece el gato?"

Muy dubitativamente, el ratón sigue acercándose. Ya está muy cerca del queso, ya casi lo tiene. Pero cuando va a agarrarlo, sucede algo inesperado: pareciera que el queso ha dado un salto o algo así. La explicación es simple: el viejo tiró del hilito. Ahora se halla bastante más lejos que hace un momento. "Será una propiedad del queso; la de la habilidad de saltar por sí solo, como mecanismo de defensa", piensa el ignorante ratón. Todo esto puede parecer ridículo, pero basta con estar en el lugar del ratón para darse cuenta que hasta las cosas más simples pueden no ser tan obvias para algunos (¿Cómo dar por sentado que un queso no salta, si jamás se ha visto uno?).

Entonces decide ir nuevamente en búsqueda de su queso. Pero nuevamente se da el mismo suceso. Saltito, y vuelta a empezar. A todo esto, en una silla y bastante más lejos, está el viejo, pasando un buén rato a costa de su pequeño e involuntario bufón. Pero el ratón no se da por vencido, sigue en la lucha por atrapar el escurridizo manjar. Supone que si se lo propone, logrará su objetivo. Pero una y otra vez, el queso le dice que no, alejándose de un salto.

Lo lamentable es que la situación se repite incontables veces. El ratón ya comienza a dudar de sí mismo; piensa que tal vez no es lo suficiéntemente hábil o inteligente para ganarle al queso.

¿Cuándo termina el juego? Lo más común es que el ratón consiga alcanzar el queso, generalmente en los primeros intentos, aunque también puede tardar un poco más. Pero en ocasiones, el viejo se aburre de jugar y, simplemente termina dándole el queso, luego de un muy buen rato. Pero también hay otro posible final, el más triste de todos; a veces, sólo a veces, el juego termina cuando el ratón se da por vencido, al darse cuenta de que jamás será capaz de alcanzar el queso. Que no importa cuánto lo intente, el queso saltará y mantendrá siempre su distancia. "Qué locura!", pensará el viejo mientras ve al ratón meterse en su casita, derrotado, avergonzado, y tal vez hasta bañado en lágrimas; "si yo de todas maneras iba a darle el queso, finalmente. Sólo quería divertirme un rato con él." Sí, el viejo lo sabe, y nosotros tambien. ¿Pero quíen se lo va a explicar al ratón? ¿Cómo hacerle entender al pobre ratón, que tuvo que irse con la cabeza gacha, masticando vergüenza, que el queso iba a quedar, luego de un rato, a su merced, como por arte de magia?

Si uno se pone a pensarlo desde el punto de vista del ratón, no está tan errado. El ratón no conoce la magia, y tampoco los milagros. Decidió que su triunfo sobre el queso dependería únicamente de él mismo, de su habilidad, su ingenio, su fuerza, y tal vez de su perseverancia. Pero la perseverancia es algo muy difícil de conservar si uno no ha experimentado otra sensación que fracaso tras fracaso. Y eso es lo que le pasó al ratón durante aproximadamente las dos horas y media que duró el juego.

El viejo se queda ahí parado, pensando en el ratón. Tal vez sintiendo algo de culpa. "Yo iba a darle el queso, fue culpa suya por no haber sido perseverante", se repite a sí mismo. Entonces abandona la habitación para irse a dormir, dejando el queso ahí, tirado en el suelo.

Horas más tarde, el ratón asoma la cabeza por el agujero de su casita. Ni muy cerca ni muy lejos, puede divisar aún el pedazo de queso. Ahí, en medio de la habitación, inmóvil. Recuerda el triste episodio de hace rato, cuando se declaró a sí mismo incapaz de atrapar un simple quesito. Sale de la casita y se acerca, poco a poco, hasta quedar prácticamente junto al queso. Pero no intenta atraparlo. Ya ha aprendido con creces que es imposible, por fácil que parezca. Entonces piensa: "Está bién, queso. Me has vencido. Sé que no puedo atraparte, por lo tanto no lo intentaré más. Ya no te molestaré." Siente su aroma por última vez, y vuelve a meterse en su casita, resignado a seguir comiendo bichos, plantas, sanguches de milanesa, o lo que sea que coman los ratones. Pero ni hablar del queso.

El queso permanece inmóvil, siempre en el mismo lugar. El viejo se ha ido a dormir hace rato. Esta vez no hay hilos, no hay trampas, nada que pudiera impedir el éxito. El queso ya no saltará. Todo lo que debiá hacer el ratón era estirar las manos y atraparlo. ¿Pero quién se lo va a explicar al ratón?

Göspor

Algún punto entre Buenos Aires y Mar del Plata

Julio de 2004.



Inauguración del Blog (toma nº 49457283749169)

Bueno, aca estamos inaugurando el blog... otra vez (sí, otra vez. Y bueno, loco, soy colgado.. y?? cual hay??).

Le venía escapando a esto de tener un blog, simplemente por la ausencia de una conexión a internet en casa, y lo que me rompía las bolas ir hasta el cyber más cercano (20 cuadras) con los .txt en los diskettes (y rezando para que los mismos no se jodan antes de subir el texto al blog). En fin, mucho quilombo. Pero ahora, gracias a un esfuerzo de los señores padres, un proyecto de trabajo finalmente frustrado (ya explicaré más adelante), y mucha insistencia, hemos logrado conectarnos al mundo sin salir de casa. Y gracias a las opiniones e insistencias de algunos amigos, como por ejemplo Mel, a quien le mando un cordial saludo, me he decidido a inaugurar nuevamente mi blog.

Bah, igual no se crean que esto va a ser un viva la pepa, que voy a postear a cada rato como un enfermo y voy a vivir para el blog, no. Cada tanto voy a ir posteando cosas, en lo posible de mi propia ocurrencia, sino de donde se pueda. Pero siempre con las limitaciones de tiempo de una persona con trabajo, estudios, hermana que le ocupa la computadora, y actividades extralaborales varias.

Bueno, creo que eso es todo por ahora. Ojalá que entre gente, y que yo no deje el blog colgado otra vez. Saludos, nos estamos viendo, en este blog... que aun no tiene nombre, pero ya tendrá... donde habrá un poco de todo, supongo que principalmente ocurrencias mías, anécdotas, y algo de humor. Y ya veremos que más le mandamos, vio?
Volvió mi blog...



... y esta vez va en serio!!!